El que cree en
Dios, y lo acepta como fundamento de la ética, está moralmente obligado, en
conciencia, a llevar a la práctica su creencia, invitando o/y obligando a todos
los demás a que crean y practiquen lo mismo que él.
Pero el que cree en la Raza o en la Nación como fundamento de su obrar y que le da sentido a su vida, también se cree moralmente obligado a hacer lo mismo que los fundamentalistas religiosos, aunque ellos no sean religiosos, pero sí fundamentalistas, por lo tanto creen obrar moralmente bien al expulsar al otro que no es como él, perseguirlo, hacerle la vida imposible.
Incluso matarlo entra dentro de sus esquemas, tanto mentales como morales.
Todo fundamentalismo es peligroso, no sólo por lo que en sí significa y la ceguera que produce en sus seguidores, sino sobre todo por lo que afecta a los otros no fundamentalistas. La historia y la realidad cotidiana así lo atestiguan.
Pero el que cree en la Raza o en la Nación como fundamento de su obrar y que le da sentido a su vida, también se cree moralmente obligado a hacer lo mismo que los fundamentalistas religiosos, aunque ellos no sean religiosos, pero sí fundamentalistas, por lo tanto creen obrar moralmente bien al expulsar al otro que no es como él, perseguirlo, hacerle la vida imposible.
Incluso matarlo entra dentro de sus esquemas, tanto mentales como morales.
Todo fundamentalismo es peligroso, no sólo por lo que en sí significa y la ceguera que produce en sus seguidores, sino sobre todo por lo que afecta a los otros no fundamentalistas. La historia y la realidad cotidiana así lo atestiguan.







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